martes, 24 de enero de 2017

Consciencia










Son muchos los ámbitos, del espiritual al científico, en los que se habla cada vez de “consciencia” y “estados de consciencia”. ¿Qué significan ambas expresiones? Pues acudiendo al Diccionario de la Lengua Española, la consciencia se asocia a dos capacidades estrechamente interconectadas: la de reconocer la realidad que hay a tu alrededor y la de conocerte a ti mismo. Y el estado de consciencia también está ligado a estas dos capacidades y consiste en la percepción que uno tiene de sí mismo y de los demás, de su vida y las de los otros, del mundo y lo que en él sucede, de la muerte, de la divinidad… Es, en definitiva, la visión de las cosas con la que andas por la vida. Eso sí, esta visión es distinta para cada ser humano, pues cada cual tiene la suya, e incluso para una misma persona no siempre es igual, porque va evolucionando como consecuencia de las experiencias que vive y, sobre todo, de cómo las vive.

Por tanto, aunque la consciencia es algo objetivo en cuanto a su conceptualización (la doble capacidad a la que se ha hecho mención), se plasma de modo íntimo en cada persona y en cada momento de su vida por la vía de las experiencias. Y esta plasmación configura su estado de consciencia, que está siempre en evolución (más lenta o más rápida, según los casos).

Ahora bien, aunque la evolución de la consciencia es individual, cuando alguien abre nuevas puertas conscienciales para sí mismo, esto repercute en el estado de consciencia de la humanidad, que viene a ser algo así como la suma de los estados de consciencia de cada uno de sus integrantes. Algunos científicos lo han llamado campo mórfico o morfogenético y han explicado que la evolución del estado de consciencia global, siendo impulsado por el de cada cual, retroalimenta, igualmente, el de todos y cada uno de los miembros de la especie. Por lo que la evolución del estado de consciencia, siendo personal, es también colectiva; y la colectiva influye en la individual. Pero, ¿en qué consiste tal evolución? Expresado coloquialmente: ¿de dónde viene y hacia dónde va?

En cuanto a lo primero, la humanidad tuvo en su origen una consciencia prehomínida, desde la que, por las experiencias vividas a lo largo de milenios, se progresó a otra mágica, luego mítica y, finalmente, mental y racional. El resultado ha sido el nacimiento y la consolidación del «yo» y la percepción de uno mismo y de los demás como individuos, como sujetos. De este modo, se ha ido forjando en la humanidad una consciencia asociada a ese yo, la consciencia egoica, que, retomando lo indicado por el Diccionario de la Lengua, cuenta dos grandes señas de identidad: la capacidad de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella se centra en el uso de los sentidos corpóreo-mentales y se practica a través de los medios, la información y la interpretación que ellos facilitan; y el conocimiento que el sujeto tiene de sí mismo viene dado por la identificación con su yo físico, mental y emocional y con su personalidad creada desde la experiencia de la individualidad en libre albedrío.

Sobre estos dos pilares se han construido las pautas civilizadoras de las que proceden la forma de vida de cada persona y el modelo de sociedad imperante en la humanidad; es decir: el sistema socioeconómico en sentido amplio; las instituciones y su gestión política; los paradigmas y sistemas de creencias; las normas morales y las escalas de valores; el estilo de vida y los hábitos, conductas y comportamientos colectivos e individuales; la ciencia y el enfoque y utilización de los avances tecnológicos; las ideologías, credos y religiones; etcétera. En todo ello se halla subyacente la citada consciencia egoica y todo ello es, a su vez, manifestación y expresión de la misma.

Sin duda, el «yo» (autopercepción como sujeto; identificación con el yo físico, mental y emocional; asociación a una personalidad forjada desde la experiencia de individualidad; y gestación de una consciencia egoica como lógica consecuencia de lo anterior) constituye un éxito de la evolución. Pero, a su vez, llegado un punto concreto del proceso evolutivo, supone un obstáculo para que la evolución continúe su avance. Esta es precisamente la tesitura consciencial, nunca mejor dicho, en la que actualmente se halla el género humano y, por tanto, tú mismo.

Una tesitura que te sitúa y nos sitúa ante la necesidad de impulsar una expansión de la consciencia. ¿Qué implica y comporta? Fundamentalmente, darse cuenta de que el ser humano es mucho más que su yo físico, mental y emocional -acabando así con el aferramiento al «yo»- y goza de potencialidades y capacidades para comprender la realidad de una manera que resulta imposible para la mente concreta, que, teniendo facultades prodigiosas, es un instrumento muy limitado para entender, ver y vivir la vida.

Muchos piensan todavía que la identificación con el yo físico, mental y emocional y la consciencia egoica constituyen la única vía para saber y comprender. Sin embargo, esto es tan ridículo como lo fue la creencia de que la Tierra era el centro del universo. Con esta concepción, la humanidad se ha instalado en un gran egocentrismo, que es la causa de los problemas, los conflictos y el sufrimiento que sientes en tu vida y en el mundo. Para salir de esta limitación, es momento de dar un paso en el proceso evolutivo y adentrarse en otro estado de consciencia desde el discernimiento de que la auténtica y genuina existencia del ser humano no es la consciencia egoica del yo, sino la consciencia del Ser, que es algo que no nace y no muere.

Esto abre las puertas a una nueva visión que se relaciona con lo transpersonal y que, sin rechazar ni renunciar a la diversidad, sino todo lo contrario, percibe la Unicidad en la constatación de que somos uno con todo. Lo que no es algo teórico, ni teológico, sino eminentemente práctico. Y tiene rotundas e importantísimas repercusiones en la vida de cada uno -de hecho, sólo por medio de esta expansión de la consciencia podrás tomar y llevar realmente el mando de tu vida- y en el devenir colectivo y social.





viernes, 13 de enero de 2017

Los tatuajes y la Iniciación Ivrí









En cierta ocasión me preguntó una persona ¿Qué tiene de malo, mostrar mi respeto y amor por la kabbalah, tatuándome las escrituras en MÍ cuerpo? ¿Tatuarme el Nombre de Dios, no es una protección? 

Particularmente me es muy difícil entender una Kabbalah des-contextualizada del ámbito de la Torah. Si bien puedo entender la diferencia entre la religiosidad común, como el concepto de re-ligar mediante la manifestación de seguir unos patrones morales determinados, un dogma y un culto, de la iniciación que implica el cumplimiento de las Mitzvot, visto de esa manera la "Torah de Israel" no es una "Religión".

Todavía me sorprendo, pero trato de entender, pues sus maestros han hecho un esfuerzo por separar la "Kabbalah" de lo que ellos llaman "Judaísmo religioso", cuando escucho a algunas personas usando los términos "Biblia Judaica" y "Biblia Kabbalista" para distinguir dos ediciones distintas (esto es de editoriales distintas) del Tanaj, en su lengua original. Y se me sale el profesor (no maestro) que tengo adentro, para tratar de explicarles que a lo que realmente se refieren es, a dos niveles distintos de interpretación del Tanaj, Peshat "literal" y a Sod "Secreto",  y no a dos Tanaj distintos. 

Debo decir también, que la Kabbalah (esto es, interpretando en la dimensión más profunda del Tanaj) dice que sólo debemos desear un cambio interior y la observación interior, a través del cual el Creador se revela en nosotros, esto es a lo que se llama "revelar la Luz". Dejando a la externalidad, y a los aspectos corporales, sólo a su existencia mínima. Es decir  que "Estar en Kabbalah" verdaderamente es más, vivir de acuerdo a las leyes del Creador con una conciencia muy profunda, y transformarnos Interiormente, alcanzando la corrección del deseo egoísta, a través del estudio de la Torah, las acciones de Bondad y el servicio Divino, que tener una Mezuzah?? en la cartera para protegerme? o tatuarme un nombre de Dios en mi cuerpo, Kabbalah es vivir en lo interno, no en lo externo, de amuletos.


La Torah prohíbe los tatuajes, la fuente de esta prohibición es Levítico 19:28: 

"No grabarás un tatuaje en tu cuerpo". 

Esta prohibición se aplica a todos los tatuajes, también a los de indole religiosos, que no son más que creencias externas de fetichismo pseudo-espiritual.




Aunque algunos iniciados Ivri creen que éste es uno de los jukim de la Torah, los mandamientos que superan el intelecto humano, igualmente hay iniciados Ivrí que ofrecen algunas explicaciones para esta prohibición:

1) El cuerpo humano es una creación Divina, y por lo tanto es inapropiado mutilar la obra de Di-s, especialmente para los miembros del pueblo elegido por Di-s. Uno debe creer que Di-s, el artesano más grande de todos, nos creó de la manera más apropiada a su imagen y semejanza, y no debemos cambiar esta forma. Cambiar el cuerpo (salvo por razones de salud) es equivalente a insultar la obra de Di-s.

2) Antiguamente se acostumbraba que los devotos de un ídolo se tatuaran como muestra de pertenencia a esa deidad, al igual que un animal es marcado por su dueño. En muchas ocasiones la Torah prohíbe las prácticas que emulan las costumbres paganas -considerando que seguir sus tradiciones es el primer paso hacia las creencias idólatras, al alejamiento del amor y por lo tanto generadoras de karma.

3) La piel es un órgano externo y por lo tanto recibe la energía cósmica. Los libros de Hashem fueron escritos originalmente en piel, la piel humana es el pergamino de la energía interior y los retículos vivientes de la presencia que son emitidos por el Cristos-Solaris. Los tatuajes cualquiera sea, incluyendo los que lleven letras hebreas, son verdaderas manchas para el pergamino de la Torah interior, como manchas en las letras de un libro que borra o altera las energías interiores con las energías que vienen y van desde ese centro al universo.

4) Ya se ha notado en renacimientos karmicos, de personas que en vidas anteriores han tatuado su cuerpo, han comenzado a nacer con diferentes enfermedades cutáneas que obviamente serán mucho más comunes de observar en dos o tres décadas a futuro

Mostramos la Luz con nuestro cambio interior, que sí se manifiesta en nuestros actos exteriores y no mediante cosas externas.







lunes, 26 de diciembre de 2016

Los Diez Amamientos



 




Respiramando

Los 10 "Amamientos"


Respiramando

Los 10 "Amamientos"

1- Ama tu cuerpo... Es tu herramienta de presencia aquí.
2- Ama tu mente... Es tu sistema operativo y administrador de datos.
3- Ama tu corazón... Es la llave a tu origen y código de conexión.
4- Ama tu alma... Es condensación del Universo que asoma a esta existencia.
5- Ama tu planeta... Es escenario de tu experiencia como ser caminante sobre él.
6- Ama a tus hermanos... Son expresiones de ti.
7- Ama al VACIO... Está lleno, esperando darte incondicionalmente lo que habita en ti.
8- Ama al OM... Primera expresión de ti y de todo lo que conoces y desconoces.
9- Ama al SILENCIO... Cuna del primer movimiento y amor absoluto, la primera inhalación del  universo.
10- Ama.... Hasta confundir Amar con respirar.

... Y date cuenta que para AMAR a tu cuerpo, a tu mente, a tu corazón, a tu alma, a tu planeta, a tu hermano, al vacío, al OM y al silencio en esta experiencia humana sólo hace falta estar RESPIRANDO.
Amar... Amor...

       Llegar a amar lo que haces en ocasiones nos lleva a pensar en la búsqueda de hacer lo que nos llena... ¿Y si esto fuera al revés?... Y si llegar a amar lo que haces se tratará de cambiar nuestra perspectiva sobre lo que estemos haciendo.? Indiferentemente de que sea lo que nos gusta o lo que no… Convertir cada movimiento en algo divino...

       En realidad, quizás con sólo hacer algo lo hacemos desde el amor, pues eso es lo que somos... Veo que una cosa es vivir desde el amor, lo cual es inevitable, y otra sentir el amor como emoción... Creemos que tenemos que Amar entendiendo esto como una acción, cuando el AMOR, a mi entender, se daría con sólo una respiración...

       Así pues, si somos conscientes de que EL AMOR es la matriz de absolutamente todo lo que nos rodea (por tener el mismo origen y, por consiguiente, ser lo mismo), a partir de ahí podríamos percibir lo sagrado de cada situación, escenario, escena, vivencia, etcétera que se dibujará en el día... Pero, claro, la mente -sistema de gestión, calificación, clasificación, organización y archivo (y, para ello, basada en un sistema de contraste)- le cuesta ver la naturaleza divina de algo que es "incómodo, desagradable, feo, injusto", etcétera...

       En resumen, podemos amar desde la mente o podemos simplemente recordar nuestro origen y reconocernos a través de lo que nos rodea, percibiendo EL AMOR... Y, así, aceptar e, incluso, ver lo grandioso que existe en "esas tareas": trabajar, barrer, ordenar, madrugar, pelar patatas... o lo que sea...

       Conseguir que tus ojos no crean en la neblina, que te dejen ver la PERFECCIÓN Y BELLEZA de lo que te rodea en ese aquí y ahora, sin permitir que ello quede oculto sólo porque tu mente tenía planificado estar en otro lugar haciendo o viviendo otra cosa... o porque muy sutilmente esté viajando al pasado para comparar... o al "como deben ser las cosas".

       Amar es viajar en cada aquí y ahora conscientes de quien somos... sabiéndonos hermanos de hasta de esa ráfaga de viento que nos roza.




sábado, 1 de octubre de 2016

Pasado Presente e Intuición




Sería fantástico si pudiéramos borrar el pasado y empezar de nuevo, sin rastro alguno de tristeza y sin ciertos recuerdos. Pero sabemos que la vida no funciona así. Incluso cuando hemos gestionado algo de forma concluyente, el pasado vuelve a surgir cuando menos lo esperamos. ¿Por qué sucede esto? Porque el pasado sirve a un propósito útil en el presente y necesitamos esa información para tomar decisiones, a menos que queramos seguir repitiendo el pasado. Sin las lecciones del pasado, no sabríamos cuál es el mejor camino que podemos elegir hoy.

Cuando nos encontramos en un espacio de transición o en una encrucijada el pasado se vuelve nuestro mejor amigo, porque suele recordarnos lo que ya no queremos en el presente. Aunque tengamos la sensación de que esos remanentes del pasado aparecen para recordarnos en qué nos equivocamos, o las malas decisiones que tomamos, entonces nos parecían las mejores opciones disponibles. Solo después de haber vivido con ellas, ya al final de su “camino energético”, sabemos que hoy elegiríamos opciones muy diferentes. En lugar de considerarlo un fracaso, podemos verlo como un recordatorio del camino que fue mejor en aquel momento, conscientes de que ahora podemos buscar otras opciones.

Si juzgamos nuestro pasado como un gran fracaso porque no somos felices ni ricos, ni tampoco tenemos éxito, entonces no estamos utilizando la información que tiene para nosotros de manera efectiva. Debemos considerar la frecuencia energética de nuestras elecciones, nuestra propia vibración, nuestro miedo y lo claros y confiados que estábamos entonces. También debemos tener en cuenta las expectativas que teníamos respecto a los resultados que esperábamos, qué estábamos dispuestos a tolerar o con qué pensábamos que podíamos conformarnos. Porque así fue como tomamos la decisión final en cada una de nuestras elecciones pasadas. Y podemos considerar nuestra intuición (nuestro sistema de orientación interior, el nexo entre nuestra voluntad, la Voluntad Divina y el Espíritu) como el puente que nos ayudará a trazar un rumbo hacia una vida más plena y dichosa de la que tuvimos hasta ahora.

A nivel energético, el pasado nos proporciona la referencia de la frecuencia energética del presente. Es el punto al que no queremos “ regresar”, cuando no deseamos repetir lo que ya experimentamos. Sin embargo, nuestro pasado es un fabuloso punto de partida para lo que deseamos crear en el presente, y también nos recuerda aquello que deseamos cambiar. Piensen en algo que “nunca querrían volver a hacer”. Por decirlo así, esa toma de conciencia marca en la arena una línea energética que no desean volver a cruzar repitiendo esa experiencia.

También debemos tener en cuenta nuestra intuición y cómo lo utilizamos en el pasado.

Ella es nuestro sistema de orientación interno, la pequeña voz que solemos pasar por alto cuando dice: “No, no hagas eso”, o “Seguramente esa no es la mejor elección”.

¿Alguna vez intentaron tomar una decisión y todas las puertas se les cerraban?

¿Suponía un gran esfuerzo continuar adelante?¿Qué pensaron después de los resultados? Ese es un ejemplo de cómo actúa nuestra intuición cuando intenta orientar nuestras elecciones hacia una solución más positiva. Pero, si no la escuchamos, los resultados serán muy diferentes de lo que podrían haber sido.

Cuando escuchamos nuestra intuición nos embarcamos en nuestra conexión espiritual más poderosa y nos expandimos para alcanzar nuevos potenciales en nuestra vida. Por el contrario, si no confiamos en nosotros mismos, si juzgamos nuestras habilidades (y nuestros resultados del pasado) y si limitamos nuestra expansión, entonces, en lugar de ser una amistosa guía de confianza, nuestra intuición se convierte en una voz molesta que intenta evitar que hagamos lo que queremos. Es algo que debemos considerar honestamente cuando volvemos la vista atrás. ¿Ignoramos entonces nuestra intuición e hicimos algo diferente de lo que nos aconsejaba?¿Estábamos tan concentrados en nuestro propio objetivo que ignoramos todas las demás posibilidades?

También podemos invitar a nuestra intuición a que nos ayude a evaluar nuestras opciones en el presente y encontrar nuevos caminos potenciales, evitando así repetir un pasado que no queremos volver a vivir.



Si combinamos los resultados del pasado, el potencial de futuro y nuestra intuición (como nuestra guía que nos orienta hacia las mejores y más elevadas soluciones), obtenemos una fórmula para la manifestación que nos ayudará a tomar decisiones más poderosas. Por tanto, en lugar de lamentar el pasado, podemos ponerlo a trabajar para nosotros como marcador de lo que deseamos evitar en el presente. Y eso nos permitirá establecer la vibración energética para nuestras próximas elecciones, de manera que el pasado no vuelva a repetirse en el ahora.

J.H.

miércoles, 31 de agosto de 2016












Quizás en este cuento encuentres una respuesta… esa que ya está en tu interior:
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin ventanas, sin techo.
El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y del sol. Mirando alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía
Desilusionado, cayó postrado hacía atrás y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría y pudo leer que decía: “Usted necesita primero reparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella, mi amigo. Después, por favor, tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de partir”.
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero, si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo y podría tomar todo el agua que quisiese, o tal vez no; tal vez la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada.
¿Qué debía hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se sabe cuánto tiempo atrás?
Al final derramó todo el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear y la bomba comenzó a rechinar pero ¡no pasaba nada! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente el agua corrió en abundancia… Agua fresca, cristalina.
Llenó la botella y bebió, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona: usted tiene que dar toda el agua antes de obtenerla nuevamente”.





viernes, 5 de agosto de 2016

Existió una instante del tiempo....









Wayne Dyer: Existió un instante del tiempo en el cual usted estuvo en «ninguna parte». En el momento anterior a la concepción estaba «ahí». Luego, en un instante glorioso, pasó del ninguna parte al aquí y ahora.

Habrá otro instante glorioso en el que pasará del aquí y ahora al ninguna parte. A ese momento lo llamamos muerte.
Pero usted —ese usted inspirado, inmutable, eterno, indivisible— continuará viviendo.
Si es verdad que formamos parte de un sistema inteligente, podemos suponer que ese paso desde ninguna parte al aquí y ahora tiene un propósito. Al darse cuenta de esto puede dejar de plantearse si es una creación divina con un propósito, y sencillamente aceptar que lo es. Forma parte de este sistema inteligente, y está aquí por alguna razón divina.
Esa razón tiene que ver con la energía espiritual sobre la que estoy escribiendo. El conocer su yo espiritual constituye su búsqueda sagrada y el reto de su vida.

Muchísimos de nosotros hemos crecido en la creencia de que somos el cuerpo que los alberga, el trabajo que realizamos y la religión que practicamos. Nuestras vidas participan de las realidades exteriores al mismo tiempo que vemos que siempre cambian. Sin embargo, en alguna parte de nuestro interior, nos sentimos iguales.
Puede que nunca le haya dedicado mucho tiempo a ese aspecto del yo, pero si lo hace descubrirá un yo interno que nunca cambia sino que se encuentra inmerso en un mundo cambiante.
Es probable que algún día su yo físico descanse bajo una lápida que dé cuenta de la fecha de su nacimiento y de la de su muerte. Pero su alma interior sabe que usted es eterno. En esa faceta de su yo carece de forma, no tiene límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. Lo que ha nacido morirá, lo que nunca ha nacido nunca puede morir.

¡Su yo espiritual nunca nació! ¡Su yo espiritual nunca morirá!
El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda le capacitará en gran manera para su búsqueda sagrada.
Cuando llegue a ese estado, sabiendo que quien es usted es el yo inmutable, tendrá un propósito en su vida.
Sogyal Rinpoche, en The Tibetan Book of Living and Dying {El libro tibetano del vivir y del morir), dice esto con unas palabras que merecen ser enmarcadas:
… Aun en el caso de que pudiéramos pensar en la posibilidad de una iluminación, una sola mirada a lo que compone nuestra mente —enojo, codicia, celos, desprecio, crueldad, lujuria, miedo, ansiedad y agitación— minaría para siempre la esperanza de conseguirla.

… La iluminación… es real; y cada uno de nosotros puede, quienquiera que seamos, en las circunstancias correctas y con la preparación apropiada, comprender la naturaleza de la mente y conocer por tanto lo que es inmortal y eternamente puro en nosotros. Ésta es la promesa de todas las tradiciones místicas del mundo, y ha sido cumplida y está siendo cumplida en incontables millares de vidas humanas.
Usted puede ser uno de esos millares de seres humanos iluminados. Esto sucederá cuando descubra la naturaleza de su verdadero yo, y relegue a un segundo plano, donde le corresponde, la parte de usted que está centrada en lo físico.

Desde allí podrá animarse a continuar y mantener su yo elevado, en lugar de actuar de forma que minen su esencia espiritual.
Todo este asunto de la búsqueda sagrada es real, y puede conocerlo, amarlo y atesorarlo. Una vez que lo haga, ya no querrá volver a vivir de ninguna manera que sea inconsecuente con su yo divino e invisible.
Usted no es ese nombre, ni esa ocupación, ni ese número de la seguridad social, ni ese cuerpo.
Usted es luz eterna y un don divino, con independencia de lo que haya hecho o dejado de hacer. Con independencia de su familia, o de la etiqueta que le hayan colgado. En la inteligencia de Dios usted es sagrado, y tiene un propósito para estar aquí.

La verdadera definición de la propia conciencia es el descubrimiento del yo superior y la jubilosa vida. Es la conciencia de su energía interior y lo más elevado de usted mismo. Es una conexión con lo divino y todo lo inmutable. La propia conciencia está en la génesis de su yo.